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Distrito Federal, Gobierno, Leyes

De licencias y pagos en el super.

Hace ya unos años tramité mi credencial de elector, documento que reconoce a una persona como un ciudadano mayor de edad,  adulto (y no precisamente responsable) y que permite hacer toda clase de trámites además de identificarse en numerosas situaciones que van desde comprar alcohol en las pocas tiendas donde piden la famosa IFE hasta tramitar otro documento no menos importante que es la licencia de conducir.

Este último, en la gran mayoría de los países desarrollados (término políticamente correcto para los países no tan jodidos), requiere toda una serie de trámites, exámenes, procedimientos y un minucioso análisis del solicitante antes de otorgarle esa tarjetita que es el permiso para operar un automóvil, que de no utilizarse correctamente puede resultar en un accidente fatal con consecuencias desastrosas para quien lo opera y para quien se encuentre alrededor de éste.

Pero México, en especial en la Ciudad de México, para adquirir tal documento, sólo es necesario ir a pagar la caja de cualquier Soriana, previo llenado del Formato Universal de Tesorería,  la módica suma de 604 pesos, ir al módulo de tesorería ubicado en la mayoría de estas mismas tiendas a poner tu linda cara ante la cámara, y en cuestión de minutos se tendrá la flamante licencia de conducir con chip integrado (según para los puntos de infracciones)  que te permitirá operar un automóvil por un periodo de 3 años, antes de tener que renovarla.

Así de sencillo, pero resulta que en todo este proceso, ninguno de los encargados ni del Soriana ni de la tesorería ni se toman la molestia de preguntarle al solicitante si tiene la más remota idea de cómo manejar, si conoce el reglamento de tránsito, si sabe sus derechos y obligaciones, si conoce el significado de la señalización vial o si sabe de mecánica básica, mucho menos se preocupan en saber si esa persona a la cual le están otorgando la licencia de conducir, tiene las capacidades físicas para hacerlo, buena vista, buenos reflejos, si está psicológicamente apta para los requerimientos de la conducción o si tiene algún impedimento en sus extremidades que a simple vista no pueda ser percibido y que interfiera en una buena operación de un vehículo.

Si ponemos la situación, de que una persona reúna todas estas prometedoras condiciones, se le otorga la licencia y se avienta al ruedo de asfalto, tendremos las condiciones ideales para crear el desastre perfecto, y si peor aún, lo multiplicamos por los miles de automovilistas que reúnen al menos dos de las condiciones mencionadas y los sacamos a las calles, tendremos la realidad del Distrito Federal.

Muchas veces es fácil criticar a los elementos de la Policía de Tránsito, que si hacen mal su trabajo, que si los puercos, que si la mordida, que si ponen de patas los semáforos y si bien muchas veces no son el ejemplo de eficiencia, debemos considerar que actualmente, toda la gente que está ahí afuera tras de un volante no ha recibido la capacitación adecuada para operar sus vehículos y al mismo tiempo, convivir y entender que no son los únicos usuarios de las vías, que hay peatones, ciclistas y otros automovilistas, y esto hace que en realidad los elementos de la Policía de Tránsito, sólo sirvan para adornar las calles y para tener a alguien en quien descargar el enojo y la frustración de la nula capacidad de poder hacer uso de las vías en orden.

Afortunadamente hay gente que se ha tomado el tiempo de leer sus derechos y obligaciones o que tuvo la delicadeza de acercarse a una escuela de manejo pero muchas veces éstas tampoco hacen muy bien su trabajo, debido a la misma falta de regulación, recuerdo cuando tomé mi frustrante curso de manejo, que más que animarme a conducir, me hizo apurarme más a arreglar mi vieja bicicleta y alejarme de los motores y tampoco nunca me hicieron un examen, nunca me dieron el reglamento de tránsito, nunca me dijeron qué significaba la señalización, la cual a muchos nos puede parecer obvia pero para otros pueden ser sólo láminas en la calle y espero que sólo haya caído en una mala escuela y que haya muchas otras que sí hagan todo esto.

Lo importante es recalcar la importancia de hacer que el trámite de la licencia de conducir NO sea un simple pago más que se puede hacer en el super, de hacer exámenes exhaustivos (de conocimientos, físicos y psicológicos) a los solicitantes, y con esto garantizar que al realizar el tramite, se está consciente que en cuanto recibimos  la licencia, nuestra vida y la de muchas otras personas estará en nuestras manos cuando estamos frente al volante, que no sólo se trata de saber operar bien el auto, se trata de aplicar esta buena operación a una adecuada convivencia con los demás usuarios, llámense automovilistas, ciclistas o peatones y que la tarjetita verde, no otorga el permiso de pisotear el derecho de los demás usuarios a usar el mismo pedazo de ciudad.

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Acerca de Jim D. Mayerstein

Estudiante de Ingeniería en Transporte, ciclista urbanx, renegadx y necix, escribo con x la vocal que define el género porque no puedo definirlo. Ardux creyente de la inutilidad de los muros que dividen países, viajerx incansable, transfronterizx y músico autodidacta, profesional en la ejecución de la tabla de lavar y aprendiz de serruchista.

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