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Distrito Federal, Gobierno, Marchas, Sociedad Civil

De marchas, reclamos y el sol del D.F.

Quien alguna vez en su vida haya sido detenido por la policía por ser un maldito desgraciado, mugroso bueno para nada, sospechoso, lacra de la sociedad sin ser todo ésto en realidad, entenderá la necesidad de expresar ese resentimiento hacia una figura de “autoridad” por la cual no se tiene el mínimo respeto, hasta el hecho de categorizar a los uniformados como “autoridad” me causa cierto conflicto, pero ese no es el caso.

Hoy se llevó a cabo en nuestra queridísima Ciudad de Vanguardia (Ciudad de México, ´pa los fuereños),  la marcha por la paz, a la cual hace unos cuantos días convocó el ahora ya ultra famosísimo poeta Javier Sicilia, a raíz de que como todos ya sabemos, asesinaran a su hijo.  Esta podría parecer como cualquiera de las otras tres mil marchas que ha habido por la paz, que si marchemos de blanco, que si marchemos por los niños, que si por los adultos, que si por esto, que si por aquello, y efectivamente lo era, esta marcha fue sólo posible gracias a que un personaje conocido (¿?, antes que nada, disculpen mi tremenda ignorancia, pero antes de esto yo ni idea quién era Javier Sicilia), denunció y se puso a hacer tremendo alboroto (con toda justificación) y a decir las palabras que muchos siempre hemos dicho, pero que por nuestra condición de soberanos desconocidos y nuestra necesidad de atender trabajos y escuelas para poder sobrevivir, en efecto nunca tuvimos esa oportunidad que él se hizo de hacerlas públicas y decírselas en su cara a los de las sillas grandes.

Creo firmemente en que ésta era una marcha más convocada por la gente popis de la sociedad mexicana, sin embargo, a diferencia de otras marchas de esta misma naturaleza a las cuales he tenido la oportunidad de ir, aquí no sólo marcharon las familias adineradas de Santa Fé y Bosques que están hartas de que les roben sus camionetas y asalten a sus nenes cuando van al antro; aquí había de todo, y todas las causas se juntaron aprovechando el sangrado de una llaga que el señor Sicilia abrió en un momento en el cual efectivamente ya nadie tenemos esperanzas en casi nada, cuando esa violencia que en realidad muchos considerábamos que nunca nos alcanzaría por no tener nada, nos ha alcanzado, en forma de amigos muertos en fuegos cruzados, en forma de detenciones abritrarias, en forma de conocidos afectados por balas perdidas, por granadas, por ver el miedo en los ojos de quienes viven en medio del temor de salir de sus casas, no por lo que dicen los medios, sino por escuchar los balazos a media noche a una cuadra de sus casas, cuando al viajar por nuestro territorio, nos encontramos con retenes militares donde se sufren abusos, malos tratos, demoras y la violación a nuestro derecho de viajar LIBREMENTE por el territorio nacional.

Retenes militares en el camino D.F. - Tijuana

Los valores que promueve el Gobierno Federal en su lucha.

Era necesario tener este desahogo, este alivio de sentir que se está haciendo algo por cambiar esta realidad que vivimos, no sé si en verdad algo cambiará con una simple marcha llena de gente, de testimonios reales, de gente de todos los estratos sociales, e incluso de nacionalidades diferentes, que ha sido lastimada por todas las causas que mencioné y otra infinidad que tal vez nunca lleguemos a saber, no sé si una marcha pueda reblandecer la conciencia de un personaje que no ha sido conmovido por la muerte de gente inocente, por los reclamos de voces que son calladas a base de balas y rejas.

Pero y ¿qué sigue?.

Ni yo lo sé, ni tampoco creo mucho en las intenciones de mucha de la gente que fue hoy, sobre todo cuando regresando a mi casa de la marcha, casi ser atropellada por un carro bastante lujoso con una manta del “NO + SANGRE” y cuando uno de los pacifistas me gritó: “Súbete a la banqueta pendejo”.

Esa paz que exigimos hoy no sólo es cuestión de sacar de las calles a los militares que están matando, de cuestionar las decisiones y acciones de un presidente, (me vale, no lo pondré con “p” mayúscula) que está más que demostrado no han servido para absolutamente nada, creo también es cuestión de efectivamente buscar la paz en nuestra vida, para con las personas con las que convivimos, y con nuestro ambiente, al abusar de los recursos, al violar al planeta abusando de lo que nos da, estamos desgarrando al único lugar que tenemos para vivir. Y no me digan que éso no es violencia.

Pasada la marcha todos a sus casa, espero que ésto traiga una reflexión y un cambio en todos, y que no sólo se limite a subir fotos al Facebook para demostrarle al mundo lo revolucionarios que somos.

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Acerca de Jim D. Mayerstein

Estudiante de Ingeniería en Transporte, ciclista urbanx, renegadx y necix, escribo con x la vocal que define el género porque no puedo definirlo. Ardux creyente de la inutilidad de los muros que dividen países, viajerx incansable, transfronterizx y músico autodidacta, profesional en la ejecución de la tabla de lavar y aprendiz de serruchista.

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