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Distrito Federal, Movilidad Urbana

Confesiones de un ciclista urbano.

Son las 7:15 de la noche, doblo a la derecha sobre Miguel Ángel de Quevedo, pronto alcanzo 37 km/h, pura bajada, llueve intensamente y sobre mis lentes las gotas pronto nublan un poco la vista. Así continúo hasta encontrar Avenida Universidad y continuar por ahí. Llueve más fuerte, mis pantalones ya pesan por el agua pero no dejo de pedalear, al contrario, si bajo la velocidad los pantalones parecen pesar más; no tardo mucho en llegar a Avenida Cuauhtémoc y apropiarme del carril de contraflujo, ahora casi en desuso desde que pusieron el Metrobús, por ahí sigo, Cuauhtémoc será mi camino por la próxima media hora.

Hace ya 6 años tomé una decisión que en su momento no me dí cuenta haberla tomado, un día me subí a mi bici y decidí ir a visitar a una amiga a la Colonia Prohogar, aproximadamente a media hora de mi casa, en ese momento se me hizo muy fácil; cuando llegué a Vallejo me di cuenta la barbaridad que había hecho, me encontraba enmedio de tres trailers gigantes, enormes, sólo podía escuchar el rugido de los motores. Pensar en el verde del semáforo me aterrorizaba, ¿cómo iba a ser posible que yo en mi vieja bicicleta pudiera avanzar primero que esos mounstros?, pero más pronto de lo que pensé me encontraba ya pedaleando mucho más adelante que ellos, el viento pegaba en mi cara y toda Calzada Vallejo parecía ser mía.

Desde ese día supe que algo había cambiado, en aquel entonces mi madre estaba haciendo un fondo de ahorro para comprarme un auto en cuanto entrara a la universidad, pero no tardé mucho en renunciar a ese regalo, a ese privilegio que me había ganado por llegar a la mayoría de edad, ese artículo que me daría la libertad de moverme a donde yo quisiera, cuando yo quisiera a la hora que yo quisiera, pero que me ataría a la responsabilidad de llenarle el tanque de combustible, de pagar tenencia, de pagar verificación, servicios, seguro y al cáncer de las ciudades: el tránsito.

La transición no fue fácil: Desde burlas por tener ya 18 años y llegar en bicicleta (en ese entonces tenía una Magistroni, verde, espantosa) cuando ya todos llegaban en sus autos o en los de sus padres, comenzar a ser ciclista urbanx completamente solx, no conocía la existencia de ningún grupo o asociación, mucho menos de algún otro loco que como yo había tenido la terrible idea de renunciar al automóvil y al transporte público, el llegar y que en ningún lado hubiera donde dejar la bicicleta, aventarse a la brava, en ese entonces no había manuales, cursos ni Casa Biciteka donde me dijeran cómo andar, me costó infinidad de días con unos dolores de rodillas insoportables por no saber cómo ajustar la altura del asiento, regaños y angustias de mi madre por ir más allá de La Villa en bicicleta, insultos, caídas, raspones, cansancio, cuando la idea de pedalear de regreso a casa era motivo de desánimo.

Pero pronto la bici dio más satisfacciones que decepciones, pronto entendí que la renuncia a ese privilegio que llaman automóvil, en realidad es firmar una sentencia de esclavitud, me había regalado algo que ahora me es invaluable: libertad. La libertad de efectivamente moverme a donde quiera, a la hora que quiera, tenga o no tenga dinero, de no depender de otros para solucionar los problemas de mi vehículo, de que ver una calle atestada de autos no es mas que un juego de laberinto, que cada kilómetro es una oportunidad de descubrir cosas que damos por hecho al vivir en una ciudad donde ya nada impresiona, donde ya nada parecía ser motivo de satisfacción.

La bici incluso se ha convertido en fuente de trabajo, ser bicimensajero es, según yo, uno de los mejores trabajos que alguien puede tener, me considero una persona privilegiada al poder ganarme la vida pedaleando, en la bici he llegado a lugares que nunca me imaginé en México y Estados Unidos; California, Oregon, Chicago, Texas, Gudalajara, Puebla, Hidalgo, Monterrey, Tijuana, Cuernavaca y los que falten por descubrir, por observar desde el manubrio.

Columbia River, Portland, OR.

Ya son 6 años subida en la bici, a estas alturas no cambiaría por nada bajar a 50 kilómetros por hora por Circuito Interior, no cambiaría por nada navegar en Insurgentes Sur una tarde de viernes de quincena entre los autos de gente con caras enfadadas por el hartazgo de toda una semana de trabajo, por tomar el carril del Metrobús sobre Guerrero e imaginar que ese carril se hizo para mi, por venir una noche cualquiera en el camellón de Calzada de Guadalupe escuchando Mallory mientras sonrío a la gente y a la vida; pero lo que más agradezco es tener a la gente que he conocido, gente que comparte esta misma locura, esta misma pasión, esta misma manera de ver la vida y que ahora se han convertido en mi familia.

Atardecer en Eje 4 Sur. Carril Metrobús.

Ya son las 8:10, por mis rumbos no ha caído una sola gota de agua, navego entre las entrañas de la zona industrial Vallejo, subo el puente que libra la Avenida de los 100 Metros, doblo en Politécnico, un par de calles y llego a mi casa, estaciono la bici y agradezco un día más con una sonrisa en el rostro y los pantalones ya no tan mojados.

Paso de Eje 3 Sur sobre Viaducto. 10 P.M.

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Acerca de Jim D. Mayerstein

Estudiante de Ingeniería en Transporte, ciclista urbanx, renegadx y necix, escribo con x la vocal que define el género porque no puedo definirlo. Ardux creyente de la inutilidad de los muros que dividen países, viajerx incansable, transfronterizx y músico autodidacta, profesional en la ejecución de la tabla de lavar y aprendiz de serruchista.

Comentarios

5 comentarios en “Confesiones de un ciclista urbano.

  1. Realmente inspirador. Mucho. Por que algún día viajemos protegidos por toda esta ciudad en 2 ruedas. Felicidades!

    Publicado por Mauricio Timberwölf | mayo 22, 2011, 2:06 am
  2. hola, es genial encontrar personas con la misma pasión.
    saludos

    Publicado por negra | mayo 22, 2011, 1:12 pm
  3. Ya no estoy sola! Aquí en #ElSalvador llevo años en mi bici, algún día se les acabará el gas a mis paisanos, o nos quedaremos sin oxígeno! Saludos!

    Publicado por vera | mayo 23, 2011, 5:28 pm
  4. ¡Cámara! Escribes maravillosamente bien. Eres la voz de muchos que quisiéramos decir lo mismo pero no hallamos las palabras.
    ¡Felicidades Jim!

    Publicado por Armando Roa | mayo 25, 2011, 10:34 am
  5. defintivamente, un placer de conocerte, yo he llegado a experimentar situaciones y sentimientos semejantes, pero como dice Armando, no hemos hallado las palabras (y en mi caso tampoco el tiempo) para compartirlas…

    llevo muchos, muchos mas años que tu rodando y aunque mi epoca de mensajero fue muy efimera, aun sigo corriendo como loco (dentro de lo que cabe), para poder llegar a tiempo con algun cliente… y lo que me ha encantado (sobre todo con clientes nuevos), es que se puede romper el hielo con una enorme facilidad, cuando ven que te estas quitando guantes, casco o bien la ‘liga’ del pantalon y te preguntan que si vienes en bici? y desde donde?, y sino esta peligroso? de entrada solo atino a sonreir…

    acabo de leer sobre tu accidente y me alegra saber que en esta ocasion no se tendra que poner una bici blanca en Tlalpan… increible que no pasara a mayores complicaciones y que chido que traias a la “condenada” y casco… he tenido que cambiar en tres ocasiones de casco, (afortunadamente no por accidentes, sino por ‘viejitos’), y bien recuerdo que hace muchos ayeres, hasta pena me daba traer casco (porque casi nadie lo usaba) y en mas de una ocasion llegue a dejarlo en la recepcion o en vigilancia, para no ‘verme’ mal con los clientes, pero todo eso se acabo hace varios añitos, cuando vi un reportaje de ‘cletos en Londres y que para ellos es todo un estilo de vida y estaban orgullos de sus bicis…

    en fin, leer tu post, genero un flashback de mis primeras salidas ‘largas’ dentro de la ciudad, salia de Popotla he iba a la UAM de Azcapotzalco, y los fines de semana iba ‘hasta’ indios verdes a ver a una chica con la que salia o bien comenzaba a medio salir con los BiciGatos, pero como siempre me veian gachito (y pobrecito), por llegar en una bici pesadota de acero de montaña y pants, comparado con sus ‘ultras’ ligeras bikas de fibra de carbono y enfundados en licras y ‘playeras’ especificas de ese deporte, que termine siendo algo como lo que tu describes: ciclista urbanx completamente solx

    y bueno, aun sigo disfrutando de la libertaaaaaaaaaaaaaad (en toda la extension de la palabra y significado) de pedalear siempre que tengo chance…

    un abrazo y espero muy pronto estrechar la mano de un sobreviviente del Alleycat

    Publicado por oscar | junio 22, 2011, 8:37 pm

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