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Distrito Federal, Movilidad Urbana

Del auto y su poder seductor.

Mi situación económica actual me llevó a aceptar un trabajo temporal hace apenas una semana, consistía en repartir 4000 revistas (repartidas en 13 paquetes de unos 15 kilos cada uno) en 68 lugares esparcidos por toda la ciudad y unos cuantos en el Estado de México, nada horrible, había más de 10 nadamas en la Colonia Roma, otros 8 en La Condesa, otros 8 en Coyoacán y unos cuantos más por la del Valle y así sucesivamente, al menos las del D.F. no estaban a más de 2 kms de distancia la una de la otra. Para realizar dicho trabajo, tendría 1300 pesos (para los gastos del camino), una guía roji, un manifiesto de muchas hojas y un auto.

Empezó el primer día, las tres primeras entregas allá por Polanco fueron maravillosas, eran las 11 de la mañana, 80 km/h en Circuito Interior, sin sudar, comiendo mi respectiva torta de tamal en la comodidad del asiento del copiloto, casi dudé que efectivamente hubiera mucha diferencia entre mensajear en auto que en bici, rapidísimo, hice la mitad del tiempo que normalmente me toma ir de mi casa a Polanco en bici, y las entregas quedaron en menos de 20 minutos, pero ya a eso de las 3 de la tarde se acabó el encanto, la horda de oficinistas toman las calles para buscar dónde saciar el hambre de toda una mañana de aplastamiento frente a la computadora, decidimos también calmar la tripa, pero no lo logramos sin antes pasar (no exagero) 45 MINUTOS buscando estacionamiento en las caóticas calles de Polanco, y el resto de la tarde no fue muy diferente, moverse de Polanco a Coyoacán fue toda una pesadilla, otra hora, cuando logramos llegar ya habían cerrado todo, total que en un día sólo hicimos 8 entregas, y a decir de la distancia entre ellas, de haberlas hecho en bici las hubiera hecho todas y hasta más solamente en la hora que nos tomó llegar de una zona a otra.

El asunto en todo esto es, ¿hasta qué punto en verdad podemos prescindir del automóvil?

Este trabajo en definitiva no se podría hacer de otra manera, el límite para repartirlas es una semana y se necesitarían muchos bicimensajeros con carritos (tal vez carrotes, están muy grandes y pesadas las revistas) cada uno para hacerlo y esto definitivamente no le saldría ni a la compañía ni al bicimensajero, en moto sería la misma historia y en muchos autos pues tampoco le saldría a la compañía.

Aquí es donde creo que entra la conciencia individual, cada quien preguntarse si en verdad NECESITA el auto, ¿de verdad no hay una ruta de transporte público que me lleve y traiga de mi casa a la oficina?, ¿de verdad nadie vive por mi casa como para organizar un auto colectivo?, o ya la que sería mejor ¿de verdad vivo tan pero tan lejos que no puedo ir en bici? pero la primer pregunta que debe surgir antes que todas estas tendría que ser: ¿en verdad me es tan cómodo, bueno y eficiente andar en auto? y esta es la que a muchos nunca les ha surgido y creo no les surgirá.

Aunque los que creen en la utopía ciclista me crucifiquen, no creo que se pueda ni se deba eliminar por completo a los vehículos automotores, hay que tener muy claro en la realidad en que vivimos y que hay gente que se gana la vida manejando un camión que surte las cosas que damos por hecho siempre encontrar en el super (y no me meteré en debates capitalistas, consumistas y demás temas que acaban en peleas), o su deber es repartir las cosas que yo y otros podríamos entregar en bici, pero es su chamba y es eso o morirse de hambre, y ellos son quienes más agradecerían que individuos como tu que estás leyendo esto o como yo y como otros miles más, que no TENEMOS QUE manejar un automóvil en nuestra vida cotidiana, no lo hagamos y hacerle la vida más sencilla a aquellos que sí tienen que, además de las muchas otras razones para no manejar que se resumen como: hacer que la ciudad sea de la gente, no de los autos.

En el trayecto de regreso (15 kms), perdí valiosísimas dos horas y media de mi vida, ese mismo trayecto en bicicleta lo hago en media hora, y generalmente, si no siempre llego desbordando felicidad llego con tranquilidad y al menos no con la ansiedad, nervios, aburrimiento y el dolor de espalda con el que llegué hoy, sin mencionar la insaciable curiosidad de preguntarle a cada uno de los miles de individuos que iban solitos encerrados en sus 2 toneladas de acero, ¿de dónde vienes y a dónde vas? ¿no te aburres de esto diario? ¿cuánto te gastas en gasolina, mantenimiento, tenencias, verificaciones? ¿que sientes de perder tantas horas de tu vida ahí encerrado?

Si tu que estás leyendo esto, es de la especie que gusta de esta rutina, te agradecería infinitamente me contestaras estas preguntas que no sé si me servirán de algo pero sí me encantaría saber tus razones.

Sólo faltan 17 entregas, que no sé si se completen mañana, espero, deseo que sí, porque después de 700 pesos gastados en gasolina, los cuales afortunadamente no salen de mi bolsillo y muchas, MUCHAS horas perdidas en el asiento del copiloto, sólo puedo tener un deseo inmenso de pasar horas de calidad junto a mi querida compañera de camino: mi bicicleta.

20 minutos en el mismo lugar. Circuito Interior.

 

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Acerca de Jim D. Mayerstein

Estudiante de Ingeniería en Transporte, ciclista urbanx, renegadx y necix, escribo con x la vocal que define el género porque no puedo definirlo. Ardux creyente de la inutilidad de los muros que dividen países, viajerx incansable, transfronterizx y músico autodidacta, profesional en la ejecución de la tabla de lavar y aprendiz de serruchista.

Comentarios

Un comentario en “Del auto y su poder seductor.

  1. Alo!!! y dime terminaste a tiempo tu entrega?
    un gran abrazo

    Publicado por oscar | julio 18, 2011, 5:57 pm

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